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Proyecto y equipo educativo, claves en la gestión

Profesora de escuela infantil sonriente mostrando un dibujo infantil, reflejo del cuidado del equipo educativo durante el segundo trimestre

El segundo trimestre: el momento clave para cuidar al equipo y sostener el proyecto educativo

Enero no es un mes más en la vida de una escuela infantil. El curso ya está rodado, las familias han entrado en la dinámica escolar, el proyecto educativo se aplica en el día a día y el equipo ha superado el esfuerzo inicial del primer trimestre. Sin embargo, es precisamente ahora cuando muchas escuelas bajan la guardia sin saber que el segundo trimestre es, en realidad, el más decisivo para la sostenibilidad del proyecto educativo.

Lejos de la intensidad del inicio de curso y todavía lejos del cierre y la evaluación final, este periodo concentra un riesgo silencioso: el desgaste progresivo del equipo docente. Y cuando el equipo se resiente, el proyecto también lo hace.

 

Cuando la rutina pesa más que la ilusión

En educación infantil, la motivación no desaparece de golpe. Se erosiona poco a poco. El segundo trimestre suele coincidir con un aumento de la carga emocional, una menor novedad en las propuestas y una sensación de “curso largo” que empieza a instalarse en los equipos educativos.

Diversos estudios sobre bienestar docente, como los recogidos por la OCDE en informes sobre educación temprana, señalan que el agotamiento profesional en etapas 0-6 no suele aparecer al inicio del curso, sino a partir del segundo trimestre, cuando la exigencia emocional se mantiene alta y el reconocimiento externo es escaso.

Para la dirección de la escuela infantil, este es un momento clave para observar, escuchar y actuar antes de que el cansancio se normalice.

 

La calidad educativa empieza en el bienestar del equipo 

La gestión de una escuela infantil no se limita a horarios, ratios o cumplimiento normativo. Una dirección eficaz sabe que la calidad pedagógica es directamente proporcional al estado emocional del equipo.

Cuando el profesorado se siente acompañado, reconocido y sostenido, aumenta la estabilidad, mejora la comunicación con las familias y se refuerza la coherencia del proyecto educativo. Por el contrario, cuando el cansancio se cronifica, aparecen pequeñas grietas: más conflictos internos, menor tolerancia al estrés diario y una relación más tensa con las familias.

No es casualidad que los centros con menor rotación de personal sean también los que mejor posicionamiento tienen en sus entornos. La estabilidad del equipo se percibe, aunque no se verbalice.

 

Liderar no es apagar fuegos, es anticiparse

En el segundo trimestre, muchas direcciones adoptan un liderazgo reactivo: se actúa cuando surge un problema. Sin embargo, este periodo exige un liderazgo preventivo, capaz de leer el clima del centro antes de que aparezcan los síntomas más visibles.

Anticiparse implica crear espacios reales de escucha, revisar cargas de trabajo, detectar tensiones internas y validar el esfuerzo cotidiano del equipo. No se trata de grandes cambios estructurales, sino de pequeñas decisiones de gestión educativa que marcan una diferencia enorme en el clima del centro.

Un equipo que se siente tenido en cuenta no necesita discursos motivacionales: necesita coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.

 

El segundo trimestre también se juega en los despachos

Desde el punto de vista de la gestión escolar, este trimestre es clave porque muchas decisiones estratégicas se toman ahora, aunque sus efectos se vean meses después. Es el momento en el que se empieza a hablar de continuidad del personal, ajustes para el próximo curso o incluso procesos de captación de nuevo alumnado.

Si estas decisiones se toman sin tener en cuenta el estado real del equipo, el riesgo de desgaste aumenta. La dirección no solo gestiona recursos humanos, gestiona expectativas, miedos y compromisos a largo plazo.

Un dato relevante: según informes sobre gestión educativa en centros privados y concertados, el 70 % de los conflictos laborales en educación infantil se originan por falta de comunicación clara en momentos de planificación, no por desacuerdos pedagógicos.

 

Reconocer no es premiar, es sostener

En educación infantil, el reconocimiento profesional suele asociarse a incentivos económicos o beneficios externos. Sin embargo, los estudios sobre motivación docente coinciden en algo claro: el reconocimiento cotidiano y explícito tiene más impacto que las recompensas puntuales.

El segundo trimestre es un buen momento para revisar cómo se reconoce el trabajo bien hecho: reuniones de equipo donde se visibilizan logros, mensajes claros desde la dirección, coherencia entre exigencia y apoyo.

Reconocer no es rebajar el nivel. Es reforzar el compromiso con el proyecto educativo.

 

Cuando el equipo está cuidado, la escuela se nota hacia fuera

Las familias perciben mucho más de lo que dicen. Un equipo cansado transmite tensión, incluso cuando el discurso institucional es impecable. Por el contrario, un equipo educativo cuidado transmite seguridad, coherencia y confianza, elementos clave en un momento en el que muchas familias empiezan a informarse sobre el próximo curso.

Desde una perspectiva estratégica, cuidar al equipo en el segundo trimestre es también una acción de captación indirecta de alumnado. Las familias que visitan el centro, que hablan con otras familias o que interactúan en el día a día perciben el clima interno.

Un liderazgo educativo cercano no implica estar disponible todo el tiempo, sino ser predecible, justo y claro.

 

Dar visibilidad al proyecto también es una decisión de gestión

El proyecto educativo no vive solo en los documentos internos. También se construye y se hace visible a través de la web del centro y de las plataformas de comunicación escolar, espacios donde la escuela ordena su relato, muestra su identidad y da coherencia a lo que sucede dentro de las aulas. Cuando estas herramientas están bien pensadas, el proyecto se entiende, se reconoce y se valora, tanto por las familias como por el propio equipo.

El segundo trimestre no es un tramo de transición. Es el corazón del curso. Contar con instrumentos de comunicación claros, actualizados y alineados con el proyecto educativo facilita la gestión diaria, reduce tensiones innecesarias y refuerza el vínculo entre escuela, familias y profesionales. La forma en que se cuida esta comunicación marcará no solo el final del año escolar, sino la estabilidad de la escuela infantil a medio plazo.

Porque cuando el equipo está cuidado y dispone de herramientas que le ayudan a comunicar mejor su trabajo, el proyecto se sostiene con más solidez. Y cuando el proyecto se entiende y se comparte, la escuela crece en coherencia, credibilidad y futuro.

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