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Cómo preparar a los niños para el nacimiento de un hermano

Niño besando a su hermano recién nacido

La llegada de un nuevo miembro a la familia es un cambio importante para los padres, pero aún más para los niños, principalmente si se trata hijos únicos que pronto dejarán de serlo. Entonces suelen aparecer los celos, un sentimiento que suelen experimentar el resto de hermanos en mayor o menor medida. El objetivo, como padres, no es que el niño no sufra celos, que los sufrirá inevitablemente, sino que le afecten lo menos posible. Los celos son un sentimiento esperado, incluso positivo, siempre que se mantengan dentro de unos límites. A menudo indican que el niño posee un buen vínculo afectivo con los padres, clave para que en el futuro pueda amar y ser amado. Este vínculo es lo que el niño ve peligrar cuando ve al nuevo hermano como una amenaza en su relación de amor con sus padres.

Pasar de hijo único a hermano mayor
El cambio que experimenta un hijo único cuando nace un bebé es enorme. El niño, que hasta ese momento, era el centro de todas las miradas, queda relegado a un segundo puesto. Además, los padres disponen de menos tiempo para atender sus necesidades. Por esta razón, hay que ayudar al niño a sobrellevar esta nueva situación.

Cuando contarle que va a tener un hermanito
Esta es la primera decisión que tendrán que tomar los padres. Conviene no adelantar la noticia demasiado, porque un embarazo es muy largo y los niños no tienen una noción clara del tiempo. Se les puede orientar con la época: en verano, en Navidad… además, es bueno elegir bien el momento y contárselo con naturalidad. Es importante hacerle partícipe de la nueva realidad familiar y hacerle ver que la llegada de un nuevo hermanito no lo excluirá sino que hará la familia más grande. Una buena forma de involucrarle es pedirle que participe en la decoración del cuarto o en las compras que sean necesarias. Además, conviene no mostrarle aspectos del nacimiento que no se ajustan a la realidad. El niño que llegará es un bebé, que no podrá jugar con él en bastante tiempo, pero se pueden sacar fotos y hablar de cómo es un bebé, cómo era él cuando era un bebé, qué cosas hacía… así podrá ir comprendiendo a qué se va a enfrentar.

 
La adaptación al nuevo miembro de la familia
Cuando el bebé ya esté en casa, se pueden establecer algunas medidas para que el niño acepte mejor la situación:

  • La primera vez que el niño vea a su hermanito intenta que el bebé no esté en brazos de su madre.
  • Déjale que lo acaricie y lo mire, señalándole que el bebé es muy delicado.
  • Si la llegada del bebé supone un cambio en la habitación de tu hijo, déjalo para más adelante, para que no tenga demasiados cambios al mismo tiempo.
  • Pídele a los familiares más cercanos que cuiden y “miren” al hijo mayor, no sólo al bebé.

A pesar de ello, el niño pasará por un proceso de adaptación. Por esa razón, intentad buscar un rato para dedicárselo a él en exclusiva y así sufra menos el cambio.

 
Pero, ¿qué hacemos con los celos?

Los celos son normales e inevitables. En estas situaciones puede que el niño tenga rabietas o regresiones (que vuelva a etapas ya superadas). Ante todo, hay que tener paciencia y entender la situación.

  • Anímale a hablar sobre sus sentimientos y cuando te exprese cosas negativas sobre el bebé, respóndele con cariño, pero con la verdad. Si él se siente comprendido en sus sentimientos, los superará antes.
  • Trátalo con cariño. Si tiene comportamientos más infantiles es porque ve que el bebé recibe más cuidados y piensa que si él vuelve a ser pequeño recibirá más atención. Intenta comprenderle y consolarle. Si el niño quiere el chupete, déjaselo, pronto se dará cuenta que tener el chupete ya no le satisface y será él quien no lo quiera.
  • Intenta mantener las rutinas que tenías antes de la llegada del hermanito. El baño, el cuento antes de dormir… todo ello le dará seguridad emocional.

Lo mejor es poner palabras a lo que está pasando. Si lo consigue, el niño podrá procesar sus sentimientos y miedos y, poco a poco, superarlos. Si los celos se alargan en el tiempo o si presentan factores más graves: pérdida del sueño o del apetito, dolores de cabeza o de tripa, comportamientos exaltados (se muestra irritado o con grandes explosiones de ira) o de gran tristeza… entonces habría que acudir al pediatra para que valorara la situación y buscar, si fuera necesario, ayuda profesional.

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