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5 pautas para enseñar a los niños a manejar la frustración

Niña llorando con un pompero en sus manos

A medida que los niños crecen y ganan en autonomía comienzan a querer realizar las cosas por sí mismos. A menudo se vuelven testarudos y ante esta situación la mayoría de los padres lo sufren como algo negativo, sin embargo tan solo es una señal de que el niño está creciendo y madurando. El problema es que cuando tienen pocos años, muchas de las cosas que los niños se creen preparados para hacer por sí mismos no les está permitido hacerlo o bien no pueden porque su tamaño o su fuerza aún se lo impide. Ante esta imposibilidad, los niños se frustran.

La frustración se produce cuando un deseo, una ilusión o una expectativa no se cumple, cuando existe un obstáculo entre lo que el niño quiere y lo que realmente consigue. La forma en la que el niño perciba esa desilusión es lo que determinará cómo se va a sentir y cómo va a actuar ante futuras frustraciones. Aprender a tolerar la frustración es enfrentarse positivamente a este tipo de situaciones que se van a presentar en muchos momentos de la vida. Es una actitud y, como tal, puede trabajarse y desarrollarse.

Durante los primeros años de vida, los niños se creen el centro del universo, creen que el mundo gira alrededor suyo y que merecen todo, debiendo obtener todo aquello que desean. Esta época es, por tanto, la ideal para comenzar a desarrollar la tolerancia a la frustración.

Los niños que tienen poca tolerancia suelen tener dificultades para controlar las emociones, ya que son más impulsivos e impacientes. Tratan siempre de satisfacer sus necesidades de forma inmediata y cuando no pueden hacerlo suelen reaccionar con rabietas o llorando. Son exigentes, tratan de imponer sus deseos a las personas que más cerca están de ellos (normalmente los padres o cuidadores). Como creen que son el centro de todo lo que ocurre, les cuesta comprender por qué no consiguen lo que quieren y por tanto tienen poca capacidad de adaptarse a los cambios que se producen. Además tienden a tener una visión radical de las cosas, todo es blanco o negro, sin colores intermedios. Todas estas características los hacen más propensos a desarrollar con más facilidad, cuadros de ansiedad o depresión cuando se les presentan problemas más difíciles de solventar.

 
Ante un niño que tiene poca tolerancia a la frustración el papel de los padres es fundamental. Muchas veces, los progenitores tienden a evitar o a reducir al máximo la frustración de sus hijos y les dan siempre aquello que piden. Ceden ante los requerimientos del niño, sobre todo si estos son muy insistentes, de forma que los niños acaban consiguiendo todo lo que quieren y nunca se enfrentan a situaciones negativas o problemáticas. Sin embargo, para el niño es fundamental que los padres intenten evitar la sobreprotección y que no abusen de la permisividad. Además, existen una serie de pautas que pueden ayudar a que los niños aprendan a manejar la frustración.

  • Dar ejemplo. No hay mejor enseñanza para los hijos que el ejemplo que dan los padres. La reacción y actitud positiva ante los reveses de la vida muestra a los niños que no hay que dramatizar y que aunque sintamos desilusión o tristeza, todo puede superarse.
  • Ser perseverante. Transmitirle al niño que para conseguir las cosas hay que ser perseverante y que es una de las soluciones que permite superar una frustración. Es importante que los niños aprendan que es importante esforzarse y que las cosas que cuestan son las que más satisfacciones nos dan en la vida.
  • No dar al niño todo hecho. El niño se tiene que enfrentar a dificultades, equivocarse y aprender que rectificar y volver a intentarlo forma parte del aprendizaje. Si el niño tiene una rabieta o reacciona mal ante una frustración no conviene ceder a sus deseos, sino consolarlo por no haber conseguido lo que quería.
  • Marcarle objetivos pequeños y realistas que permitan al niño coger confianza, es una de las técnicas para aprender a manejar la frustración. Para ello hay que tener cuidado en no exigirle cosas que el niño no pueda alcanzar, fomentando aún más su frustración, ya que podría dañar su autoestima.
  • Convertir la frustración en aprendizaje. Las dificultades producen situaciones fantásticas para que el niño aprenda cosas nuevas. Resolverlas como algo positivo hará que ante una situación parecida, el niño la resuelva felizmente.
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