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El gateo, una fuente de beneficios para tu bebé

Un bebé gateando intentando alcanzar un juguete

Aproximadamente entre los 8 y los 12 meses, los niños comienzan a gatear. El gateo es uno de los avances más importantes que se dan entre los niños más pequeños, supone un hito en su crecimiento porque el bebé se hace más autónomo al desplazarse por sí mismo, y esto supone que su cerebro se activa y gana en experiencias. Todo ello le reporta un enorme beneficio cognitivo y emocional.

Para que el gateo comience, el punto de partida es que el bebé haya aprendido a sentarse. Desde ese momento, todo irá evolucionando para que poco a poco vaya cogiendo fuerzas en brazos y piernas y llegue el momento en que pueda desplazarse por sí mismo. Hoy en día, muchos niños no gatean y pasan directamente de estar sentados a andar. Esto se produce, por un lado, porque muchos padres tienen deseos de que los niños hagan pronto determinadas cosas como andar, hablar… de esta forma alientan a los niños para que lleguen a etapas para las que todavía no están preparados. Y, por otro, cuando el espacio es pequeño y se dispone de poco tiempo para dedicar a los niños, a veces los bebés pasan más tiempo en hamacas o parques del que debieran. Por eso muchos pediatras están recomendando a los padres que estimulen a los pequeños todo lo posible para que el niño alcance esta etapa. Pero, ¿por qué es importante el gateo?

Los principales beneficios de gateo son:

  • Fortalecimiento de los músculos.
    Con el gateo las extremidades se hacen fuertes. Es un ejercicio muy beneficioso para brazos y piernas, pero también para el cuello y la espalda. Además, el gateo desarrolla la estructura general del cuerpo: es un movimiento que involucra hombros, codos, rodillas y tobillos. Toda la musculatura se refuerza, fundamental cuando el bebé se lance a andar.
  • El desarrollo de la vista.
    El bebé fija la vista en un objeto y se dirige a cogerlo, de esta manera ejercita la coordinación óculo-manual, fundamental en el aprendizaje de muchas habilidades futuras. Potencia la visión periférica, que es la que nos permite orientarnos en el espacio, dándonos información sobre el entorno. Este tipo de visión es fundamental para conducir o para practicar deportes de equipo. Estimula la convergencia y la acomodación, que permite conocer la distancia con un objeto para focalizar correctamente. Desarrolla la visión tridimensional que permite apreciar los volúmenes y la binocular, que hace que las dos imágenes procedentes de los dos ojos converjan en una imagen definida.
  • Aumenta la capacidad de coordinación y equilibrio.
    En el gateo, el movimiento a la vez del brazo y la pierna contraria hace que el niño tenga que equilibrarse a cada paso y estar coordinado. Además, a nivel cerebral se trabaja la latelaridad o el intercambio de información entre hemisferios, lo que dotará al niño de habilidades para hacer tareas distintas a la vez y realizarlas de forma más eficaz que si no se ejercitara con este movimiento.
  • Ayuda a comprender conceptos como distancia y espacio.
    Como ya hemos explicado, el niño se fijará en algo y tendrá como objetivo alcanzarlo. Experimentará las distancias cortas y las largas en su propio cuerpo, lo que le traerá enormes beneficios en el aprendizaje escolar que tendrá que desarrollar en los siguientes años.
  • El gateo les motiva para aprender y les permite satisfacer su curiosidad.
    La satisfacción de llegar a una meta y conseguir aquello que se propusieron les animará a aprender y experimentar cosas nuevas.
  • Aumenta la autonomía y les ayuda en la separación de mamá.
    El bebé por fin puede elegir dónde va, puede seguir a mamá o decidir libremente si se va a otra habitación y deja de verla. La autonomía que le produce le llenará de gozo y le animará a separase físicamente de sus padres con seguridad, ya que él podrá escoger cuánto se aleja de donde estén sus padres y durante cuánto tiempo.
  • La importancia del movimiento en edades tempranas.
    Los bebés experimentan los sentimientos y las emociones a través del movimiento. Al no saber hablar, ni tener capacidad de un pensamiento complejo, el bebé se vale del movimiento para relacionarse con el mundo exterior. El gesto, la actitud, el llanto… son manifestaciones de cómo se encuentra el niño en cada momento y el movimiento del gateo influye también en el desarrollo y expresión de su mundo afectivo y emocional. Los niños que gatean suelen tener menos problemas para resolver sus dificultades.

Hay que tener en cuenta que el gateo se da durante un periodo corto, ya que en uno o dos meses el bebé comenzará a andar, por eso es fundamental que en la medida de lo posible los padres faciliten que se pase por esta etapa, fundamental en el desarrollo cerebral de sus pequeños. Para ello, sólo hay que intentar que el niño se pueda mover libremente lo más posible y animarlo a coger cosas que sean atractivas para él, y una vez se ha conseguido dejarle que explore para incentivar que continúe haciéndolo.

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