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Excesos navideños, ¿son perjudiciales para los niños?

Un niño junto a varios dulces navideños de chocolate

Durante la Navidad es normal que todos ganemos entre dos y tres kilos. Los dulces navideños propios de esta época inundan nuestras mesas y son pocos los que se reprimen ante tan dulce festín. Los niños no se libran de estas escenas. Además, es común que durante estas fechas se reduzca la actividad física y quién más quién menos ingiera una mayor cantidad de calorías. Consumir dulces es una tradición y los mayores introducen a los pequeños en estas prácticas, a base de ofrecerles constantemente chocolate, polvorones o todo tipo de chuches, pero ¿hasta que punto puede un niño tomar estas calorías extra?

La obesidad infantil en España alcanza al 13,9% de la población infantil, una cifra nada desdeñable. Pero sea cual sea el peso de nuestros hijos, degustar tan tradicionales dulces debe quedar reducido a ocasiones especiales. La cantidad máxima de azúcar que es saludable ingerir no debe sobrepasar los 25 o 30 gramos diarios y se calcula que una ración de dulce tiene alrededor de 15 gramos, es decir, la mitad de lo que deberían consumir en un solo día. Además, hay que tener en cuenta que la exposición temprana al azúcar aumenta en los niños la apetencia por el dulce, así como el consumo de los alimentos endulzados en exceso. Así, cuanto más pequeño es el niño, más se debe cuidar que no se exponga en demasía a este tipo de alimentos.

A pesar de todo lo dicho, es difícil mantener separado al niño de los tradicionales dulces navideños. Por esta razón, te ofrecemos unas sencillas claves para cuidar al máximo la alimentación de los más pequeños durante estos días.

  • Dar ejemplo. Los niños imitan todo lo que ven en casa, así, si ven que sus padres pican entre horas polvorones o galletas en lugar de fruta o algún otro snack saludable ellos harán lo mismo.
  • Comer de forma organizada. A pesar de las fiestas, hay que intentar organizar las comidas en 5 tomas diarias e intentar que entre horas se consuma algo saludable. La fruta, las meriendas sanas como bocadillos no deben ser sustituidos en estas fechas por otras menos saludables. Se pueden ofrecer dulces, pero siempre después de la comida de rigor.
  • No descuidar el desayuno. También durante las vacaciones, el desayuno es la comida más importante del día. Lo que se coma durante esta comida influye más que ninguna otra en el bienestar físico y mental de los pequeños. Un buen desayuno debe consistir en un lácteo (leche, yogur o queso), una pieza de fruta e hidratos de carbono, en forma de pan o cereales.
  • Dejar los dulces fuera del alcance de los más pequeños. Las bandejas de turrón deben estar debidamente guardadas, así como los chocolates y las chuches. De esta manera, podemos controlar cuánto y cómo se toman las chuches en casa y evitamos que los niños puedan coger a su antojo cualquier cosa que les apetezca.
  • Negociar la cantidad. No se trata de eliminar por completo lo dulce, ya que no hay nada más apetecible que comer un alimento que ha sido prohibido. Lo ideal es que el niño aprenda a comer de forma responsable y para ello este tipo de alimentos ha de estar presente. Poco a poco, y gracias a nuestro ejemplo, los pequeños deben aprender que pueden comer dulces, pero sin excesos, ya que estos provocan daños al cuerpo cuando se abusa de ellos: indigestión, dolor de tripa e incluso vómitos o diarrea. Una buena solución es negociar la cantidad, pactar cuántos dulces pueden comer en un día y cuándo se ofrezcan de más, dejarlos para el día siguiente.
  • Fomentar el agua como bebida, frente a refrescos o zumos. Estos deben ser también ocasionales, ya que contienen una elevada cantidad de azúcar. Sobre todo en las comidas, se debe tomar agua y no otro tipo de bebidas y esta máxima debe cumplirse también en estas fechas, ya que se tomarán más dulces que en fechas normales.
  • Compensar. Igual que hacemos los mayores, debemos hacer con los niños. Tras una comida rica en grasas, hay que compensar con algo ligero que nos devuelva el bienestar. Ensaladas, sopas o verduras ayudan a equilibrar cuando nos hemos pasado comiendo.
  • Evitar el aburrimiento. No hay nada que sea más enemigo de la ingesta excesiva que el aburrimiento. Salir a pasear, ir al parque, aprovechar para ir en bici o en patín… La actividad es necesaria y obligada también en estas fechas, que se tiende a comer más y hacer menos ejercicio. Una buena idea es aprovechar este momento para regalar juegos que fomenten el ejercicio: balones, raquetas, patines… son regalos apropiados para estas fechas que harán un favor a nuestros hijos.
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