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Jugar con los niños: la mejor estimulación

Mamá jugando con su bebé

El juego es una de las actividades más importantes en la vida de un niño, de hecho jugar es un derecho de la infancia reconocido por la ONU desde 1959. A través del juego el niño explora la realidad, crea alternativas y estrategias que le ayudan a desarrollarse física y emocionalmente. Además de ser un motor de su actividad física, el juego también es un medio de socializar y establecer las primeras interacciones con los adultos y con otros niños. Por eso, es una forma muy sana de relacionarse con los demás y no son pocas las ocasiones que los niños demandan que los adultos jueguen con ellos. Acompañarlos en su juego, sin dirigir o controlar es fundamental para convertir el juego en un momento de diversión y aprendizaje además de ser una ocasión ideal para disfrutar en familia.

 
El papel educativo del juego también es uno de los más reconocidos. Está demostrado que las actividades lúdicas estimulan la inteligencia, la creatividad, la afectividad y la motricidad. Los niños deberían pasar gran parte del tiempo jugando, si quieres participar en su juego, estos son algunos consejos para que niños y mayores disfrutéis juntos:

  • Participar, sin intentar dirigir. No se trata de que dominemos el juego y les digamos lo que hay o no hay que hacer. Los adultos deben meterse en el juego, siguiendo la creatividad del niño, no coartándola.
  • El juego es una herramienta ideal para los niños, una forma de expresión donde ellos plasman situaciones de su vida, algunas placenteras y otras dolorosas. Es importante que los adultos recuerden esto y por eso es fundamental que dejen a los niños vivir esas experiencias, sin burlarse del juego ni queriendo darle un final “apropiado” para los adultos. Lo importante es fomentar la creatividad y dejar que esta fluya, sin cortapisas, permitiendo que una caja sea un coche y una silla o un castillo.
  • Si es necesario poner algún límite, bien porque la actividad puede resultar peligrosa para él o para los demás bien porque la actividad a realizar no se sea conveniente hay que encauzar el juego hacia otro lugar, no prohibir. La prohibición suele generar rebeldía y lo que queremos es que el niño encamine el juego hacia otro lugar, no que se enfade y quiera dejar de jugar.
  • Intentar fomentar los sentimientos de logro e independencia. Los adultos no deben competir con los niños. Se trata de que se vean recompensados por el esfuerzo, no por el resultado. Como adultos, podemos ayudarles a resolver sus problemas, sin intervenir demasiado, solo cuando no consiguen seguir y hay peligro de que ante la impotencia dejen de jugar. Mediante indicaciones, para que él mismo encuentre la solución. Así es como se quedarán con la sensación de haberlo logrado ellos mismos.
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