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Niños que mienten: pautas para evitarlo

Niñas susurrando al oído de su mamá

“Me ha mentido”, la primera vez que los niños “sueltan” una mentira los padres se muestran asombrados e incluso les puede hacer gracia ver cómo los pequeños argumentan con una mentira. En los primeros momentos, mentir no tiene una intención clara y forma parte de la fantasía, sin embargo hay que poner especial cuidado para que esto no se convierta en una forma “normal” de relacionarse. Los expertos recomiendan prestar atención a la causa de las mentiras y poner especial hincapié en una educación basada en la confianza.

Aunque no todos los expertos coinciden en la edad en la que los pequeños empiezan a mentir con una intencionalidad dirigida a distorsionar y falsear la realidad para obtener un beneficio, el periodo se produce entre los tres y los seis años. Es en esta época cuando el niño va asimilando el hábito de decir la verdad y el sentimiento de justicia. Los padres y educadores deben enseñar al niño a decir la verdad y reaccionar emocionalmente ante las mentiras de los niños. Crecer en un clima de confianza enseña al niño a establecer relaciones interpersonales positivas y aumenta la autoestima de los niños. Además, desarrolla una personalidad más sólida, con más seguridad y se educa con un criterio positivo hacia la vida ya que la sinceridad es la base de otros muchos valores como la nobleza, la lealtad, la justicia, el respeto…

 
¿Pero por qué el niño miente? Cuando el niño miente, lo primero que hay que hacer es intentar averiguar la razón para así evitar que esto se produzca de nuevo. Las razones más comunes que señalan los especialistas son:

  • Frustración. Cuando el niño experimenta este sentimiento puede recurrir a la mentira para falsear la realidad. Por ejemplo: el niño no consigue escalar una piedra y dice que está cansado y no le apetece hacerlo para evitar el sentimiento de impotencia.
  • Como una manera de llamar la atención. A veces, cuando los niños se sienten desatendidos se inventan una dolencia o exageran cualquier conflicto para provocar la atención del adulto.
  • Exceso de exigencia o falta de seguridad en sí mismo. Cuando el niño siente que se le exige mucho y al ver que puede no dar la talla intenta hacer creer que está al nivel que se le exige para no defraudar. También ocurre o cuando le falta seguridad para afrontar un reto y prefiere mentir antes que enfrentarse a él.
  • Miedo al castigo. Es uno de los principales motivos de la mentira. Los niños mienten por miedo a las consecuencias de una acción que saben no deberían haber realizado.
  • Por imitación. Cuando la mentira es habitual entre los adultos para obtener beneficios, los niños aprenden esta forma de relacionarse y la hacen suya.

 
Lo que está claro es que sea cual sea la razón de la mentira, la actitud de los padres es clave para su prevención. Los padres tienen la clave para desarrollar una relación fundada en la confianza, demostrando al niño que nos fiamos de él. Es fundamental que el niño crezca en un ambiente libre, relajado y que haya una buena comunicación entre los miembros de la familia, sin que exista miedo o represión. Te ofrecemos unos consejos para ayudar a los padres y educadores a educar al niño en la sinceridad:

  • Cuando se descubre a un niño mintiendo se debe señalar al niño que efecto tiene la mentira y sus consecuencias sobre los demás.
  • Ante el castigo, se debe adecuar este a la gravedad de la mentira. Un castigo desorbitado puede provocar que el niño vuelva a mentir por miedo a una nueva reprimenda.
  • Proporcionar un clima afectivo y de seguridad para evitar que el niño mienta para buscar la aprobación de sus compañeros o de otros adultos.
  • Intentar no mentirle ni hacerle promesas que no se puedan cumplir para dar un buen ejemplo.
  • Ofrecerle la oportunidad de decir la verdad y no presionarle para hacerle sentir culpable. La culpa genera sentimientos negativos que no benefician su comportamiento. Si es capaz de decirnos la verdad, aun sabiendo que ésta provocará un castigo, hay que alabarle y mostrarnos orgullosos ante su valentía.
  • No reírse ante las mentiras inocentes de los niños, incluso aunque nos parezcan graciosas. Si lo hacemos conseguiremos reforzar las mentiras dentro de su comportamiento.
  • Responder con sinceridad a sus preguntas o al menos no mentir. Es preferible decir “no lo sé” o “déjame que lo piense” antes que responder con una mentira.
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