Durante meses, la batidora se convierte en una gran aliada en muchas casas. Tritura, suaviza y da una falsa sensación de control. Para muchos padres y madres, ofrecer purés para bebés muy finos es sinónimo de seguridad: menos atragantamientos, más tranquilidad. Sin embargo, lo que parece una elección prudente puede tener consecuencias invisibles en el desarrollo de la boca, la mandíbula y los dientes de los más pequeños.
Por qué la calma es una competencia educativa desde la primera infancia
Durante mucho tiempo, la meditación infantil se asoció a adultos agotados por el ritmo de vida o a prácticas alejadas de la realidad cotidiana de una escuela infantil. Hoy, esa percepción empieza a cambiar. Cada vez más centros educativos incorporan propuestas de atención plena o mindfulness en el aula no como una tendencia pasajera, sino como una respuesta coherente a lo que la neurociencia y la pedagogía llevan años demostrando: el desarrollo emocional en la infancia es tan esencial como el cognitivo desde los primeros años de vida.
El segundo trimestre: el momento clave para cuidar al equipo y sostener el proyecto educativo
Enero no es un mes más en la vida de una escuela infantil. El curso ya está rodado, las familias han entrado en la dinámica escolar, el proyecto educativo se aplica en el día a día y el equipo ha superado el esfuerzo inicial del primer trimestre. Sin embargo, es precisamente ahora cuando muchas escuelas bajan la guardia sin saber que el segundo trimestre es, en realidad, el más decisivo para la sostenibilidad del proyecto educativo.
Cuando hablamos de los primeros alimentos sólidos del bebé, pensamos en purés suaves, frutas clásicas o cereales enriquecidos. Sin embargo, un pequeño fruto del bosque está llamando la atención de investigadores y nutricionistas: el arándano. Su color intenso y su sabor ligeramente ácido parecen anunciar lo que la ciencia empieza a confirmar: es una fruta excepcional para la salud infantil, incluso desde los primeros meses de la alimentación complementaria.
Las matemáticas en infantil no empiezan cuando un niño descubre los números escritos o resuelve sus primeras sumas. Mucho antes, desde que son bebés, los niños ya están construyendo la base del pensamiento lógico y desarrollando una intuición natural hacia patrones, cantidades y relaciones espaciales. La neurociencia lleva años demostrando que el cerebro infantil es un laboratorio activo: clasifica, compara, anticipa y organiza la información del entorno antes incluso de pronunciar sus primeras palabras.
Llega un momento en la vida de cada familia y de cada escuela infantil en el que surge la pregunta inevitable: ¿están nuestros niños moviéndose lo suficiente para crecer sanos? En un país donde la obesidad infantil se ha convertido en uno de los grandes desafíos de salud pública, comprender qué hay detrás de esta tendencia —y cómo frenarla— es una responsabilidad compartida.
El poder del juego social en el día a día de las escuelas
En las Escuelas Infantiles, buena parte de la convivencia escolar se construye en espacios que no siempre aparecen en el proyecto educativo: el patio, los rincones de juego, los tiempos entre actividad y actividad. En esos momentos, en interacciones aparentemente cotidianas, los niños practican las primeras formas de relación social, ponen a prueba sus habilidades emocionales y aprenden a convivir de manera real. Para los equipos directivos, comprender cómo se desarrolla ese juego compartido es esencial para gestionar el ambiente del centro y garantizar un clima educativo equilibrado y saludable.
Convertirse en madre o padre cambia la vida por completo. No solo transforma rutinas y horarios: también reconfigura las emociones, el cuerpo y la relación de pareja. Aunque la llegada de un hijo es una experiencia profundamente enriquecedora, muchos padres reconocen que, con el paso del tiempo, el amor se ve envuelto en el cansancio, la falta de descanso y el torbellino de responsabilidades. Sin embargo, reconectar como pareja después de haber sido padres no solo es posible, sino saludable.
Cómo se construye un cerebro sano en la primera infancia
Durante los primeros seis años de vida, el cerebro infantil vive su etapa más vulnerable y, a la vez, más poderosa. Es un período en el que cada experiencia, cada estímulo y cada hábito cotidiano contribuyen a moldear estructuras que sostendrán la salud física, emocional y cognitiva de la persona adulta. Para familias, docentes y equipos educativos, comprender qué favorece —y qué perjudica— este proceso es clave para orientar su labor a fomentar los hábitos que mejoren el desarrollo infantil.
Auriculares infantiles y salud auditiva infantil: un binomio que necesita atención
Cada vez es más común ver a los niños pequeños con auriculares: escuchan canciones en la tablet, siguen un cuento o se concentran con música mientras dibujan. En apariencia, esta costumbre no parece peligrosa, pero lo cierto es que el oído infantil es un órgano delicado y en desarrollo, muy vulnerable al exceso de ruido. Un uso prolongado o a volumen elevado puede tener consecuencias que, en algunos casos, son irreversibles.
En las aulas de infantil, los conflictos entre niños son tan frecuentes como los juegos compartidos. Discusiones por un juguete, desacuerdos en un turno o diferencias en la manera de jugar son parte natural del aprendizaje social. Sin embargo, la manera en que los adultos —educadores y familias— los acompañan puede marcar una gran diferencia en el desarrollo emocional y social de los pequeños.
El juego como primer lenguaje
A los 12 meses, los bebés viven un momento apasionante: su cuerpo y su mente están preparados para conquistar el movimiento, la exploración y la comunicación. Empiezan a ponerse de pie, a intentar dar sus primeros pasos o, simplemente, o a disfrutar del gateo con una curiosidad imparable. En esta etapa, cada gesto, cada balbuceo y cada juego son aprendizajes en marcha.
Bronquiolitis: la amenaza silenciosa del otoño para los bebés
Cuando los termómetros caen, los padres suelen prepararse abrigando a los bebés con abrigos, gorros o guantes. Pero hay un adversario poco visible que merece nuestra atención: la bronquiolitis. En España, esta infección respiratoria vuelve cada temporada con fuerza, especialmente entre los meses de noviembre y marzo, y su impacto es más alto de lo que muchos imaginan.
En la puerta de una escuela infantil, una madre se despide de su hijo intentando transmitir calma; el pequeño llora, la educadora lo acoge con un abrazo, y un padre que espera a su lado protesta con impaciencia para que le dejen pasar. En menos de un minuto se cruzan gestos, palabras y reacciones que el niño intentará comprender a su manera. Es en esas escenas cotidianas donde, sin darnos cuenta, se fraguan muchos de los errores que, con la mejor intención, cometen docentes y familias al educar a niños pequeños.
El miedo en la primera infancia: una emoción normal
Las escenas se repiten en ambulatorios y hospitales: un niño con miedo a las agujas comienza a llorar, se agita, se aferra a sus padres y rechaza cualquier acercamiento del personal sanitario. La simple idea de un pinchazo provoca un miedo intenso que, a ojos de los adultos, puede parecer desproporcionado. Sin embargo, este temor tiene raíces profundas en la manera en que los niños de 0 a 6 años procesan las emociones y las experiencias nuevas.